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El psicoanálisis y la esperanza: respuesta de Alenka Zupancic.

Si entendemos la sexualidad no simplemente como un problema que una «tiene» sino como algo constitutivo del sujeto, ¿no se encuentra una siempre con un sentimiento de desilusión o de pérdida en el corazón mismo de cualquier análisis, clínico o de otro tipo? Yo solía tener un pin que decía: «desde que he renunciado a la esperanza, me siento mucho mejor». ¿Es el análisis un proceso que va de renunciar a una especie de esperanza?

Sí y no. Una tiene que ser muy precisa en este punto para no llegar a predicar (preach) cualquier tipo de resignada sabiduría cínica. La negatividad que una encuentra y atraviesa en un análisis se supone que no afecta simplemente a nuestro conocimiento sobre el ser sino que afecta a nuestro propio ser: implica que se produce un giro ahí y que las implicaciones de «la esperanza» cambian en el proceso. Hay desilusión pero no en el sentido de que nos hayamos vuelto más listas como para seguir alimentando ciertas esperanzas o de que ya podamos reconocer que hay ciertas cosas que son imposibles, sino en el sentido de que hemos cambiado.
Cojamos un ejemplo literario: Swann enamorado de Marcel Proust. El héroe está desesperadamente enamorado de Odette, quien ya no le ama. En su sufrimiento terrible él cree, al principio, que lo que realmente quiere es dejar de estar enamorado de ella para así escapar de su sufrimiento. Pero, entonces, tras un análisis más cuidadoso de sus sentimientos, se da cuenta de que este no es el caso sino que lo que quiere es que su sufrimiento acabe mientras sigue enamorado porque su experiencia del placer del amor depende de esta última condición. Aquí es donde está enganchado, por decirlo así. El problema es que, aunque sabe que su sufrimiento terminaría si dejase de estar enamorado de Odette, si fuese «curado» de su amor por ella, esto es lo último que quiere que le pase, puesto que «en las profundidades de su condición mórbida teme menos a la misma muerte que a semejante recuperación, la cual de hecho equivaldría a la muerte de todo lo que él ha sido hasta ahora». En otras palabras, curado de su condición ya  no sería el mismo sujeto y, por tanto, nunca más encontraría ya ni placer en el amor de Odette ni dolor por su indiferencia o infidelidad. Podríamos decir que a esto es a lo que conduce el análisis en un momento determinado: a la «muerte» de muchas cosas que éramos cuando empezamos. Y es por este motivo que muchas veces nos aferramos a nuestras patologías incluso a pesar de que suponen muchísimo sufrimiento. En este sentido preciso, en el sentido de que al final del análisis ya no somos el mismo sujeto que éramos al principio, la palabra «desilusión» no es quizás la mejor. No es tanto renunciar a la esperanza lo que nos alivia. Más bien, es un cierto alivio -causado por un movimiento en las cadenas que mantienen nuestro ser fijado en determinado lugar- lo que nos libra de la esperanza.

Al final del análisis ya no esperamos, o deseamos, ciertas cosas. Sin embargo, todavía esperamos algo. Podemos incluso esperar, querer y demandar mucho. En relación a esto, Lacan dice algo muy interesante en La ética del psicoanálisis. Habla de la tragedia de Edipo, en lo que le pasa a Edipo en las dos obras (Edipo, rey y Edipo en Colona) y cómo esto resuena con lo que pasa al final del análisis. Podemos verdaderamente decir que al final Edipo es un sujeto desilusionado y carente de esperanza pero, al mismo tiempo, Lacan insiste mucho en el hecho de que «es mostrado como inflexible hasta el final, demandando todo, sin renunciar a nada, absolutamente no reconciliado». Renunciar a la esperanza no significa que una se reconcilie con lo que hay y que trate de obtener lo mejor a partir de lo que hay. Al contrario, renunciar a la esperanza puede ser una condición para ser capaces de involucrarnos verdaderamente en el mundo y no simplemente con nuestras esperanzas y expectativas personales. Quizás este sea mi punto de vista parcial filosófico (y político) pero, tal y como yo lo entiendo, el análisis, al menos hasta cierto punto, reemplaza la esperanza con el coraje, el coraje para luchar.

* Respuesta de Zupancic a la última pregunta realizada en un entrevista con motivo de la publicación de su último libro What is sex? (2017).